Pequeños placeres personales

Todos los días madrugo mucho para ahorrarme los atascos de la M-30, llegar a una hora decente a trabajar y salir a una hora más decente todavía. Mi conciliación laboral y familiar es así. Ahora que estoy de vacaciones debería aprovechar para dormir. Pero, por suerte o por desgracia, soy muy poco dormilón.

Tengo un pequeño vicio confesable. Me gusta ver amanecer en la playa. Y uno puede controlar algunas cosas en la vida, pero no  cuándo amanece. Así que aquí estoy, viendo amanecer.

El día no acompaña porque está nublado. Pero no sólo vengo a eso. También vengo a caminar por la orilla, a pensar, a imaginar, a leer, a escuchar música, a ver unos niños estallar de alegría porque acaban de pescar un pez con la caña (el pez no se ha puesto igual de contento). Y este año incluso a escribir.

La tecnología se ha aliado conmigo. O yo con ella, no sé. El caso es que este año me libro de traer el ebook, la cámara de fotos y el MP3. Con el tablet me basta, e incluso puedo hacerme fotos a mí mismo y estar escribiendo esto. Y mucho más práctico, sí tienes que salir corriendo detrás de un perro que te ha robado una zapatilla. Me ha pasado. De hecho uno acaba de acercarse para ver qué estoy haciendo.

Hoy escribo esto y escucho Just a friend of mine, de Vaya con Dios. Mañana, ya veré.

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